De noche, todos los gatos son pardos: colores y motivos del pelaje


Todo el mundo conoce el proverbio: de noche, todos los gatos son pardos. Pero, ¿qué ocurre de día? Le sorprendería saber que todos los gatos poseen un motivo atigrado, y que sólo existen 3 pigmentos posibles para su pelaje. ¿Cómo es que esto ocurre? ¿Acaso sus ojos lo engañan?

Diversos mecanismos genéticos actúan en conjunto para determinar la apariencia del pelaje. Si decodificamos el ADN de los gatos, podremos constatar que todos son tabby, es decir, que su pelaje está cubierto de rayas que siguen distintos patrones. El que tales motivos sean visibles o no depende de un gen llamado agutí. Un gen es una sección del ADN que determina una característica en particular de su portador. Cuando existen muchas variantes de un mismo gen, a estas versiones diferentes se les llama “alelos”. Por ejemplo, respecto al gen del grupo sanguíneo, existen los alelos A, B y O.

En el caso de los gatos que poseen el alelo agutí, sus pelos son pálidos en la base y oscuros en los extremos, lo que permite que las rayas sean perceptibles. En cuanto a los gatos que tienen únicamente el alelo no agutí, el color de los pelos es constante desde las raíces hasta las puntas, por lo que las rayas son muy difíciles o incluso imposibles de detectar.

En lo relativo a los colores, los gatos producen pigmentos negros, pardos y rojizos. Estos tintes se asocian a diferentes tipos de melanina, la sustancia responsable del color de la piel en los seres humanos. Distintos genes pueden afectar estos tres colores básicos. Los genes de dilución pueden hacer que el negro se aclare hasta ser gris, el rojizo hasta ser beige, etc. El color blanco, por otra parte, es producto de genes que inhiben totalmente la producción de melanina. En los siameses, los pelos blancos se deben a una mutación que impide la coloración del pelo en presencia de calor. Es por ello que los pigmentos sólo están presentes en los lugares donde la piel está menos caliente: la cola, las orejas, las patas.

También ocurre que, por razones genéticas, ciertos patrones de coloración son sólo posibles en las hembras. Un macho no puede mostrar a la vez un color rojizo y negro en su pelaje, puesto que el gen responsable del color rojizo se ubica en el cromosoma sexual femenino (X). Un cromosoma es la forma compacta que asume el ADN en el núcleo de las células. Cada cromosoma se presenta en dos ejemplares, heredados del padre y de la madre respectivamente. En los mamíferos, las hembras tienen dos cromosomas X mientras que los machos tienen uno X y uno Y.

Existen dos alelos para el gen “naranja”, uno dominante (O) y uno recesivo o no dominante (o). En presencia del alelo dominante O, los pigmentos negros y pardos se opacan. Al contrario, si un individuo posee únicamente el alelo recesivo o, el negro y el pardo son los que resaltan. Dado que los machos sólo tienen un único cromosoma X, no pueden tener sino uno u otro alelo (el O o el o), mientras que las hembras pueden tener ambos al mismo tiempo (O y o). En tales hembras es donde se pueden observar pelajes calicó y carey.

Ya que sólo un cromosoma X es necesario para el buen funcionamiento de las células, y que las hembras poseen dos, uno de los dos ejemplares debe estar inactivo (el cual se selecciona aleatoriamente). Para las hembras que portan las dos versiones del gen naranja (O y o), esa es la razón por la que los pelos negros y rojos se distribuyen aleatoriamente en el pelaje.

La genética nos revela la impresionante complejidad de mecanismos que determinan la apariencia de nuestros queridos felinos. Quién sabe, quizás su gato no le esté mostrando sus verdaderos colores.